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09-05-2001

Si esto es una despedida



Parece que estoy escuchando la magnífica canción de Cosecha Roja mientras pienso en el adiós de la Elephant Band. Cosecha Roja, ilustres orensanos, Elephant Band, ilustres coruñeses.



Parece que estoy escuchando la magnífica canción de Cosecha Roja mientras pienso en el adiós de la Elephant Band. Cosecha Roja, ilustres orensanos, Elephant Band, ilustres coruñeses. Ambas formaciones bien merecen entrar en esa nómina de bandas extraordinarias, milagrosas dentro de un panorama desolador. La lista de bandas que merecieron y merecen tener mejor suerte es amplia: Los Imposibles, Los Protones, Los Brujos, Malconsejo, Los Sostenidos, La Ruta...

Bandas que han intentado devolverle al pop una dignidad que le han robado los cantores de viajes espaciales, naves siderales y piruletas. Bandas envenenadas por el espíritu de Pete Dello, Brian Wilson o Pete Ham, cuando lo que impera para el sordo crítico musical son los resucitados espíritus de Alaska o de Fabi... ¡oh! Macnamara. Bandas de perdedores, al fin y al cabo, el fracaso produce acicción, será por eso por lo que no me canso de ver "Fat City" de John Huston.

Xoel, Nacho, Fernando y Saleta, los cuatro elefantinos, han decidido cerrar la tienda del paquidermo. Han cumplido un ciclo de seis años, han tocado en los más importantes festivales europeos de filiación sesentófila y han dejado como testamento un par de rodajas vinílicas impresionantes e imprescindibles, pero lo que nadie puede evitar pensar, es que se nos va la banda nacional con mayor calidad encima de un escenario, y uno de los grupos más infravalorados de los últimos años. Quedan sin registrarse sus temas nuevos, auténticas joyas como "Leave my way" o "Till the morning comes", que me han puesto la piel de gallina en sus últimos conciertos.

Sólo queda desearles suerte, a ese genio llamado Xoel con Deluxe, a Saleta con esa máquina de facturar Rythm&Blues/Garaje que son los Mistakens, y a Nacho y a Fernando con su nuevo grupo llamado García.

La Elephant Band me ha dado momentos inolvidables, mágicos. Su recuerdo nunca morirá, así como la rabieta que me produce el hecho de que la mayor parte de la crítica nacional, una vez más, haya estado sorda, como si su oreja estuviese mutilada como la de Van Gogh.

Los críticos musicales nos ahorrarían muchos disgustos quedándose callados, serían unos auténticos héroes del silencio.


Autor: Pepe Kubrick

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