Conciertos
22-06-2009
Roy Loney & Señor No + Chesterfield Kings. Heineken, Madrid
Roy Loney siempre fue punk. Da igual lo que digan las enciclopedias al uso, su espíritu inconformista, su actitud rompedora siempre estuvo más cerca del lado rebelde. Su fijación por el rockabilly más oscuro, el punk de los 50 se quiera o no, y el hi-energy de Detroit de finales de los 60 lo moldearon como músico dando lugar a un artista siempre en fase de innovación, de permanente búsqueda en cómo saltarse las reglas del juego. En los últimos años Roy se estaba encasillando musicalmente con los Longshots. Los últimos discos estaban empezando a perder frescura. Los inicios con «Full Grown Head» y el salvaje directo de «Kick Out The Hammmmons» fueron demoledores, pero «Drunkard In The Think Tank» y « Shake It Or Leave It», aunque son destacables trabajos empezaban a mostrar signos de fatiga, el efecto sorpresa se estaba difuminando. A los guitarristas Joey Kline y Jim Sangster les habíamos cogido el truco. Sin duda, Roy era consciente. Era tiempo de cambiar. Y, mira por donde, Señor No aparecieron en su vida. No hay nada como juntar el fuego con la estopa, los neutrones con el uranio. Combustión espontánea, fusión nuclear. Los donostiarras han actuado como revulsivo, han inyectado voltaje en la batería de Roy. Pero la simbiosis ha sido bidireccional, la actual formación de los vascos es sin duda la mejor, más aupada en los directos por la contagiosa vitalidad de Loney
Tres veces habían descargado Roy y Señor No en Madrid: septiembre y diciembre de 2006 (Gruta 77) y octubre de 2007 (La Boite). Quién asistiese a esos conciertos recordará una banda engrasada, compenetrada y compacta. Pero nos faltaba algo tangible de recuerdo, material que rememorase aquellas avalanchas de puro rock&roll. El EP «Bottle Of Wine» del pasado año, el estreno del sello Bloody Hotsak, era un aviso de que en estudio también podían repetir ese afilado y cortante sonido, pero lo han ratificado con el nuevo álbum, «Got Me A Hot One!», un tremendo pepinazo al entrecejo grabado y mezclado en cinco días —de ahí la frescura que desprende— en los estudios Garate, con Haritz Arreguy en los controles y producido por el mismísimo Roy Loney. Ya en la primera escucha se observa que los guitarristas Xabi Garre y Mikel Yarza han logrado un hito histórico: superar a Kline y Sangster y volver a colocar a Roy en el centro del ruedo del negocio.
La pandilla sónica regresaba a Madrid por cuarta vez, ahora a un nuevo escenario, la sala Heineken, con el aliciente de la presentación del disco y la expresa misión de calentarnos los tímpanos. No podíamos esperar menos de ellos. En líneas generales, el concierto se desarrolló a ritmo trepidante intercalando los nuevos temas con clásicos de la era Groovies (el 50%). Roy aullaba y Guantxe, el bataca, les marcaba el ritmo desde lo alto de su atalaya. Aunque lamentablemente no tocaron «Cara-Lin», sin duda el mejor tema del álbum donde se aprecia en toda plenitud lo que pueden hacer conjuntamente estos bárbaros, lo compensaron con una esquizofrénica toma de «Phantom Mover» que arremolinó al público al borde del escenario.
Roy y Señor No rompían una y otra vez la inicialmente pulcra puesta en escena para abandonar las formas y atravesar la frontera de la locura: sonrisas y miradas cómplices sobre las tablas, destellantes punteos de Mikel, Xabi soberbio con y sin slide, Fumai sujetando todo con las cuatro cuerdas y Roy, pletórico, cómodo, suelto, conjugaba la fuerza bruta de Iggy Pop y la enérgica melodía de Rob Tyner. Como despedida, el californiano exorcizó sus demonios finalizando con «Headin' For The Texas Border», «Second Cousin», «Teenage Head» y «Slow Death» en un aquelarre de energía demoniaca, una invocación al pasado más sulfúrico de la época Groovie. ¡Diablos!, si la fórmula del rock&roll es tan sencilla, ¿por qué hay bandas que no dan con ella? Roy Loney y Señor No son una palpable manifestación de que no sólo dan con la ecuación y la clavan sino que además demuestran que el rock&roll es independiente de la edad de los ejecutores, basta una elevada dosis de actitud y pasión y, de esto, todos ellos saben y van sobrados.
Texto: Manuel Beteta
SET LIST
01 City Lights
02 Diablo
03 Don't Believe Those Lies
04 First One's Free
05 Baby Du Jour06 High Flyin' Baby
07 Have You Seen My Baby?
08 Comin' After Me
09 Least Magnificent Moment
10 Love Is Spider
11 Bottle Of Wine
12 Phantom Mover
13 Got Me A Hot One
14 Headin' For The Texas Border»
15 Second Cousin
16 Teenage HeadBis:
17 Slow Death
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Se publicitaba este doble cartel como “la gira del año” y razón no faltaba a los organizadores, ya que las dos formaciones que conformaban el cartel eran muy a tener en cuenta. Los ecos que venían desde Barcelona, donde la noche anterior habían actuado, eran halagüeños lo cual hacía prever que estabamos ante uno de los conciertos más importantes de la temporada.
El primero en saltar al escenario inaugurando la velada fue Roy Loney, acompañado de su guitarra acústica. “Diablo”, segundo tema del repertorio interpretado por el músico de San Francisco, se inició de la misma manera, pero según avanzaba salían a escena los cuatro miembros de Señor No, escoltas de lujo del entrañable vocalista. Cuando los donostiarras arrancaron sus instrumentos una potente descarga de energía arraso la sala madrileña. Sonaron compactos y sólidos. Daba igual que fueran canciones de Flamin’ Groovies o del disco publicado a medias por ambos recientemente, “Got me a hot one”. La cosa estaba caliente.
Después vino el turno para Chesterfiled Kings, el quinteto salió a darlo todo ante el público madrileño. Y cuando digo todo, hablo de todo lo que impregna un evento de rock: espectáculo, diversión y entretenimiento. La excusa que les traía a nuestro país era la presentación de “Psychodelic Sunrise”, pero tras revisar el repertorio cabe mencionar que su trabajo “The Mindbending Sounds of the Chesterfield Kings” vertebraba gran parte de su actuación. Greg Prevost no paró ni un segundo. Bien cantando a la vez que tocaba pandereta, harmónica o maracas; bien bajándose del escenario y recorriéndose toda la sala, incluso subiéndose a lo más alto y colgarse de la baranda; posando para prensa y asistentes o lanzando globos gigantes de colores, todo era una verdadera fiesta que no parecía tener fin. Todo a ritmo de su garaje, psicodelia y rock and roll primitivo. No faltaron las versiones, como fue el caso de “Great ball of fire”.
Fotografías: JF León
Autor: Manuel Beteta/Rafa García-Moreno






