Conciertos

 

28-05-2018

Roger Waters. WiZink Center, Madrid.


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Siempre he pensado en Pink Floyd como algo más que una banda de rock. Su trabajo visual y conceptual los eleva al abismo, a la abstracción, al caos, a la experimentación, a la metafísica y es que siempre se han dejado guiar por la transcendencia. El pasado jueves no estaban Pink Floyd sobre el escenario, pero estaba Roger Waters para hacernos revivir las emociones de la banda más experimental e hipnótica que ha existido.

Con las luces aún encendidas y el transcurso de la gente llegando, buscando sus asientos, tomando posiciones, tenemos de fondo la imagen de una chica de espaldas mirando al mar sentada en una playa, una imagen sumamente relajante y que de alguna forma te permite ser esa chica que mira el mar completamente imbuida en sus pensamientos. A medida que avanza la espera para la entrada de los músicos comienza a verse en la imagen como cae el atardecer y poco a poco empieza a fundirse en naranja...es entonces cuando aparece Roger Waters con su guitarra al hombro y el resto de músicos que lo acompañan. Abren con “Breathe” y una especie de bola metálica que flota por un espacio cósmico. El ambiente, las imágenes y el sonido sólo pueden situarte dentro de una pirámide de cristal atravesada por un arco iris de sensaciones, luces y color. “ Time” y sus miles de relojes estridentes fue otra de las muchas que destacaron de este primer set, que por si no lo había dicho, Roger Waters dividió el concierto en dos set con una pausa de veinte minutos, como las  buenas películas de antes. Pero antes de que todo eso llegara, Waters nos sumergió en el sonido y las imágenes de Pink Floyd. La canción “The Great Gig In The Sky” fue un viaje vocal por parte de las coristas Jess Wolfe y Holly Laessig, cuyas pelucas de color plátino, el maquillaje de los ojos y el atuendo las situaba en aquellas series de televisión de ciencia ficción de los 60 y 70. Estilo cíborg y voces espeluznantemente increíbles. Por otra parte, la segunda voz de Waters, fue el músico Jonathan Wilson que hizo un trabajo increíble.

Roger Waters demostró que para los 74 añitos que tiene está en plena forma, pero el hecho de que sea un concierto muy instrumental y visual le ayudaron mucho a salir del paso e indudablemente, las coristas y Jonathan Wilson tuvieron mucho que ver en ello. Waters sigue cantando y sonando bien, pero es innegable que su voz suena más débil, a diferencia de su cáracter guerrillero y político dónde ha dejado ver, una vez más, su descontento con el mundo. Sólo tocó cuatro canciones de su último trabajo “ Is This The Life We Really Want?” en la que destacó “The Last Refugee”, una canción estremecedora y sonoramente increíble. Transmite ese halo de esperanza y fuerza bajo una voz que esconde ecos de la última voz de Bowie. Con imágenes de la chica que aparecía en la intro esta vez vestida de bailaora de flamenco.

“Wish You Were Here” siempre maravillosa y conmovedora, pero “Another Brick In The Wall” apareciendo una fila de niños vestidos de presos con sus monos naranjas y un saco negro que les cubría el rostro fue sin duda, uno de los mejores momentos de la noche, bajo el lema RESIST!como telón de fondo.

Pausa.

RESIST! RESIST! RESIST!... Los mensajes del descanso sirvieron para situarnos en lo que iba a venir a continuación, mensajes para Zuckerberg, para Trump, Putin, Le Pen, May y hasta Rajoy tuvo su hueco… los políticos fueron los grandes protagonistas, el ascenso de los partidos Neofascistas, su compromiso con la causa palestina...y todos los desajustes sociales, religiosos y culturales que intoxican al mundo.

La segunda parte fue un derroche anti-Trump y para ello deslizaron una plataforma que situaron en el centro del estadio que simulaba la famosa Fábrica de “Animals” para empezar a desplegar imágenes de “Pigs and Dogs”.

Imágenes que caricaturizaban a Trump como un cerdo, como un bebé llorón y en pañales, textos con algunas de sus “citas más célebres” y un sinfín de mensajes que impregnan nuestro mundo dominado por estos cerdos poderosos mientras sobrevuela un cerdo hinchable con el mensaje “Permanace humano”.

“Pigs”, “Dogs”, “Money”, “Us and Them” fueron los temas que bombardearon al recinto con todas esa imágenes de políticos, poder, dinero, armas, guerras y destrucción. Es innegable que Waters está totalmente comprometido con todo ese fango que es la política y así lo demostró durante prácticamente toda la segunda parte. Me fastidia que un personaje como Trump ocupe tanto espacio en un concierto de Roger Waters. Entiendo su postura, su enfado, pero no merecía tanto protagonismo. A veces cuando quieres contar tanto te pierdes y los mensajes se vuelven incoherentes y caóticos. Trump representado en imágenes de la cultura pop, colorines, fluorescencias...demasiado naif.

¿Incoherencias? Mensajes durante el descanso que dicen “Resistid a la propaganda” e imagen tras imagen muestren textos en un rotundo imperativo. Hubo un momento que pensé en Portishead cuando tocaron “Machine Gun” y aparecieron multitud de imágenes de guerra, destrucción, políticos, pobreza, hambre...todas ellas muy deprisa pero muy potentes, mostrando todo ese caos mundano para finalizar con la aparición de un sol naciente que contenía el símbolo de la paz dibujado en su interior. Ese mensaje me pareció mucho más potente y sobrecogedor que todo este despliegue de políticos absurdos.

Un concierto que duro 3 horas y que estuvo plagado por la sombre inherente de Pink Floyd y su pirámide de cristal atravesada por el arco iris de “Comfortably Numb” que fue el tema que puso fin a esa gran noche en la que se podría decir que a falta de los músicos que ya no están, políticos o no, volvimos a trascender con Pink Floyd.

 

Autor: Cristina Sánchez García

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