Entrevistas
20-03-2026
Løse, poesía y ruido
Løse no tiene nada que ver con las bandas de las que has formado parte anteriormente. ¿Cual fue el punto de inicio?
Era una idea que me rondaba desde hace tiempo. Cuando la había madurado un poco lo comenté con Fer García, con el que llevaba tiempo colaborando, y él había pensado en ello también. Por lo que nos pusimos manos a la obra. Contactamos con Oriol Flores y él lo hizo con Xabi Arratibel. Ya teníamos la banda formada. Desde el principio tenía claro que tenía que sonar diferente a lo que hubiera hecho hasta ahora, si no, no le veía el sentido. Y el cuerpo me pedía más ruido.
Diego, el desasosiego y la huida son temas muy recuentes en las letras del álbum. ¿De dónde fluyen estas sensaciones?
Del despropósito de mundo que vemos todos los días. Estamos entrando en una época oscura, como de no futuro. Parece que nos encaminamos a una especie de edad de las tinieblas tecnológica, un espanto. De ahí la necesidad de la huida, de la desconexión también. La verdad es que desde pequeño sentía el arte como un universo paralelo al que acudir ante la hostilidad del mundo. La belleza como refugio. También como respuesta.
Paradójicamente Løse es un vocablo noruego que significa resolver.
También soltar, desatar, zanjar…lo veo más en el sentido de soltar lastre y romper con el pasado. Zanjar cualquier cuenta pendiente y avanzar sin ningún lastre.
“Pétalo en el aire” es una pequeña opera rock.
Bueno, no lo había pensado… La veo como una canción densa, que avanza, a la que se van añadiendo elementos, como olas y mareas de sonido, electricidad y percusiones. El final es largo porque está improvisado en estudio, no lo habíamos planificado; van sucediendo melodías de guitarras y teclados que crean una atmósfera lírica, creando una tela sonora rugosa, como un bucle hipnótico y mágico.
Musicalmente es un sonido muy crudo, un postrock pesado inseminado de melodías en tramos concretos en la onda de Tom Waits, Nick Cave, Mark Lanegan o Sonic Youth, por citar algunos.
Sí, creo que es un sonido denso, eléctrico y a tratos tormentoso. Los nombres que citas son buenas referencias, pero hay otras que quizás teníamos más presentes, como la banda noruega Madrugada, o los Soul Savers con Lanegan como cantante. También bandas como los Viagra Boys o Black Rebel Motorcycle Club. Las melodías se adaptan al sonido y no al revés.
Por ejemplo, las guitarras de “Hay un hueco en algún sitio” te taladran y torturan durante toda la canción, en el estribillo se dulcifican y atemperan pero sin bajar la guardia.
La canción se basa en un riff de guitarra de Fer, todo el tema surge de ese riff, muy saturado, machacón y ruidoso. Parece que te empuja hacia delante todo el rato. Es una canción muy directa, como una road movie punk, y en el estribillo la melodía se abre, entra un poco de luz y se vislumbra un horizonte más claro.
Te has rodeado de músicos que provienen del underground vasco principalmente, músicos de formaciones tan diversas como The Young Wait, ILL, Bananas, Hyedra o Quique González. ¿Se unieron al proyecto, los buscaste para que te acompañaran o simple casualidad?
Con Fer ya había estado tocando un tiempo y mi último EP lo hicimos en su casa. A Oriol y Xabi no los conocía, pero han sido un descubrimiento y han encajado como un guante en el grupo. El sonido del álbum es consecuencia de los cuatro tocando en el local. Con los teclados posteriores de Germán San Martín y Aitor Ederson en la mesa de sonido. Todos están curtidos de tocar en diferentes bandas y eso se nota, la base suena muy sólida. Es un grupo que funciona como una banda, así queremos sonar.
¿Tener sesenta años influye en la composición de las letras y en el modo de ver el negocio musica?
Sí, claro, no escribes igual que con treinta. Hay más oficio y también otra mirada. Te importan otras cosas, aunque el reto es igual, la página en blanco no tiene piedad. Mis canciones se nutren de lo que veo alrededor, sobre todo de imágenes. Y mi vida no es la misma que hace dos o tres décadas, se mueve, como la de cualquiera. Con respecto a la industria todo ha cambiado, muchas cosas a peor. Yo me siento alguien del siglo XX. No solo en el arte, sino que pertenezco a otro mundo que va desapareciendo. Y del nuevo hay muchas cosas que me dan mucha pereza y no quiero adaptarme. De todas formas, y a estas alturas, solo quiero hacer música por el placer de crear, como esta nueva banda. No tenemos objetivos, lo que venga bienvenido será. Estar en un grupo de rock es algo excitante, y así creo que lo vivimos los cuatro.
Fotografía: Jokin Férnandez
Autor: Rafa García-Moreno





