Entrevistas
25-11-2025
José Lanot, pasión honesta
Cuando nadie se lo esperaba, José Lanot, músico madrileño que ha formado parte de bandas como Sex Museum, Los Potros o Wonderboys, publica “Después de quemarlo todo”, CD-Libro que ahora se ve editado en vinilo por Family Spree Recordings. Hablamos con el experimentado músico, escritor y técnico de sonido sobre todo ello
¿Qué fue primero, el disco o el libro?
La gestación de los dos se produjo en el mismo periodo de tiempo, aunque surgieron como dos proyectos independientes.
Empecé a trabajar en las canciones a mediados de 2017, y simultáneamente iba publicando pequeños textos en redes, a modo de posts. Las canciones estaban pensadas para hacer un disco con ellas, pero los textos eran meras elucubraciones fruto del momento. Fue Ramiro Domínguez, propietario de Sílex Ediciones, quien me propuso, alrededor de 2022, hacer un libro con ellos.
Un año después, cuando llevaba el libro bastante avanzado (lo que significó un trabajo ímprobo de selección, reescritura y estructuración), estábamos también terminando las mezclas del LP, y Fernando Pardo, el productor, me dijo que le parecía una buena idea que editara las dos cosas como un proyecto único, porque tal y como estaba el panorama, él no encontraba salida para el disco.
Al principio no lo vi nada claro, pero una vez que me puse a ello, di con un enfoque diferente que unificaba ambas cosas y convencí a Ramiro de incluir un CD dentro del libro, porque de ninguna manera quería limitarme a un código QR que remitiera a las canciones, necesitaba que el formato sonoro fuera físico.
Comenzaré por el disco. Las diez canciones que lo componen se compusieron entre 2016 y 2023. ¿Ser seguidor tuyo implica mucha paciencia?
En realidad, escribí la mayor parte de una tacada, en menos de un mes, y además recuperé alguna que tenía en barbecho para una ocasión así.
Lo que ocurrió es que durante la grabación pasamos por mil vicisitudes que iban del más crudo neorrealismo a un surrealismo que habría dejado gagá al mismísimo Dalí. Cuando por fin terminamos de grabar y encontramos, para hacer las mezclas, un estudio que cuadrara con nuestro enfoque y con nuestra forma de trabajar, llegó la pandemia y sufrimos otro parón monumental. Con el disco ya mezclado, nadie estaba interesado en publicarlo, y fue entonces cuando Fernando se sacó de la chistera la idea de hacer un pack con el libro y las canciones.

Todos los temas coquetean con la psicodélica, rock y pop vitaminado interpretado de manera exquisita. De hecho hay temas muy deliciosos como “Strictly bipolar”, “La puerta” o “The maze”.
Compongo siempre con una guitarra acústica, nunca tengo una idea preconcebida del tipo de tratamiento que una canción va a tener, pero a la hora de grabarla, sale todo lo que me gusta, o, mejor dicho, todo lo que soy capaz de expresar dentro de aquello que me gusta.
Tampoco entro a grabar con una idea preconcebida del sonido que busco, quiero que el proceso me sorprenda a cada paso. Sabía desde el principio que el productor iba a ser Fernando (fue él quien me animó a hacer el disco), y también con qué músicos quería grabar. Si metes en una coctelera mis canciones, el trabajo de Fernando y la aportación de los músicos, tiene que haber sí o sí buenas dosis de pop, rock, psicodelia y unas cuantas cosas más, porque todo eso forma parte de la esencia de nuestra manera de vivir y, por tanto, de crear.
Me encanta cómo han quedado las diez canciones, podría dar una chapa gigantesca sobre el proceso de composición, grabación y mezcla de cada una de ellas, y en parte en el libro lo hago, pero nunca es suficiente, sigo publicando en redes cosas sobre esos procesos, aprovechando la edición del disco en vinilo y la publicación de las canciones en plataformas digitales.
“The Maze” es la que más me gusta, por eso la puse la primera, mezcla los Beatles con los Buzzcocks y Magazine, y encima hay un guiño (involuntario) a Los Potros en la parte a capella.
“Strictly Bipolar” tiene muchísima historia detrás, es otra de mis favoritas, por cómo compuse la música, por cómo escribí la letra, y por cómo se transformó durante el proceso de grabación y después en la mezcla.
“La Puerta” la hice con Fernando, siempre nos hemos compenetrado muy bien escribiendo juntos, desde los tiempos de Sex Museum y sobre todo en los Wonderboys. El trabajo de Yev con el fiscorno es bestial, su arreglo tiene el punto onírico y medieval que lograban Los Pekenikes en la segunda mitad de los sesenta, es muy emocionante.
Te han acompañado en el estudio grandes músicos como Paco Poza (Los Imposibles), Javier Polo (The Winnerys), Jevhen Riechkalov, Eduardo Molina, Fran Meneses, o Lete G.
Paco es amigo mío desde que yo estaba en Sex Museum y él aún no había formado Los Imposibles, he seguido su trayectoria desde entonces y, para más inri, fuimos compañeros de piso varios años. No tengo que explicarle nada, me conoce bien, si yo le paso una canción, se la paso porque quiero que me aporte su forma de verla.
Con Javi, además de admirar profundamente su trabajo (tanto en solitario como con los Winnerys), he compartido dos proyectos, los Bird Dogs y los Delayers. Tiene con el bajo un enfoque muy diferente al de Paco, medité muy bien qué canciones quería que grabara cada uno de ellos.
Yev está en un plano por encima de la estratosfera, le he sonorizado unas cuantas veces a lo largo de los años y le he visto tocar con grupos de jazz y con artistas de la talla de Coque Malla y, muy especialmente, con Los Coronas. Haber podido contar con él ha sido la leche, aporta un toque extra de distinción y abre enormemente los horizontes melódicos y armónicos de las canciones.
Lete es un espíritu libre, su manera de tocar es tan musical que, incluso habiendo sido el último en grabar (lo que no es nada habitual, porque el batería siempre graba primero y todo se construye encima de su instrumento), ha dotado al conjunto de una organicidad que entra de lleno en el terreno de la magia.
Fran le puso mucha voluntad al proyecto, pero se dio contra un montón de paredes de hormigón armado durante el proceso de grabación. Pasamos infinidad de horas editando cosas que no deberían haber necesitado edición, pero como es un tío muy rápido y muy hábil, y, sobre todo, no se desanima ni siquiera cuando los problemas se empeñan en resucitar una y otra vez, logró salir de todos los atolladeros que la tecnología se empeñaba en plantearle a modo de via crucis.
A Edu le conocía de haberle sonorizado con Idealipsticks, Tomaccos, Hermana Furia y SCR. Yo sabía que alguien capaz de hacer estilos tan diferentes con tal maestría y desparpajo tenía que ser un buen técnico de estudio, y además, había grabado alguna canción de Sex Museum con excelentes resultados, de manera que, a la hora de encontrar un estudio para mezclar el disco (teníamos prisa, porque no queríamos perder el ritmo de trabajo), a Fernando y a mí nos pareció el candidato ideal.
¿Cómo surgió la posibilidad de editarlo en vinilo con Family Spree Recordings?
Tony me escribió diciéndome que le había gustado mucho el disco y que quería comprarme el vinilo. Como le dije que no había vinilo, me propuso sacarlo él. Le parecieron bien todas mis sugerencias cara a la edición (carpeta gatefold, diseño propio, vinilo de color), y le puso un cariño tremendo.
Por otro lado, el libro compila tus reflexiones sobre un amplio abanico temático: arquitectura, cine, música, literatura, historia, política, de amigos y conocidos, de los efectos de la pasada pandemia o de los botines Tomé Shoemaker, entre muchos otros temas.
Toda esa primera parte del libro contiene en su mayoría textos que había ido publicando en redes a lo largo de varios años, aunque me llevó mucho tiempo corregirlos y pulirlos para el libro.
Algunas veces escribo sobre algo de lo que expresamente quiero hablar (una exposición que acabo de ver, una película que me ha flipado) y otras, la mayoría, escojo una foto de mi archivo y me dejo llevar. Me pasa lo mismo con las canciones: cojo la guitarra y no tengo ni idea de qué voy a tocar, puede salirme un medio tiempo, una cosa más bruta o un instrumental (durante la pandemia tardé meses en ser capaz de coger la guitarra, y cuando lo hice, escribí catorce instrumentales del tirón, no era capaz de cantar ni una sola nota. Lo que en el disco es, en cierta manera, una anécdota (“Serenity”), se convirtió en este caso en una colección de canciones completamente distintas a lo que había hecho hasta entonces).
Los textos son todos muy honestos, puede que algunos lo sean en exceso, pero es la única manera en que soy capaz de escribir, no tengo las herramientas para expresarme de otra manera ni tampoco el deseo de hacerlo. La arquitectura, el arte y los artistas, el cine, la historia, la música, la política, mi visión de España, mis sensaciones y reflexiones del día a día y mis impresiones durante la pandemia, dieron (y siguen dando) mucho de sí.
Las últimas cincuenta páginas son, como si dijéramos, los créditos del disco: explico el proceso de trabajo y la labor de cada uno de los intervinientes, disecciono (hasta cierto punto) las canciones, e incluyo las letras.
Hay algunas experiencias musicales propias muy interesantes en este libro, como la visita de The Clash a Madrid y algunas otras.
Como te decía, casi nunca sé de qué voy a hablar cuando me pongo a escribir, pero lo de los Clash y alguna cosa más (el capítulo de “batallitas”, por ejemplo) sí que quería contarlo. Ver a los Clash y entrar al camerino, estar con los Jam en el Sol pensando que iban a tocar, hablar con los Buzzcocks en el Agapo, sonorizar a los Pirates, los Wildhearts o los Rezillos, son experiencias que te crean expectativas muy altas y que a veces resultan ser la hostia y a veces son decepcionantes o incluso frustrantes.
Otras veces no esperas que un encuentro resulte ser tan especial como acaba siendo (trabajar con Warner E. Hodges o con Theo Lawrence, por ejemplo, algo que cuento en el libro).
Mi trabajo me da la oportunidad de ser, casi a diario, el canalizador de las energías de artistas de toda España y de muchas partes del mundo, con estilos y enfoques muy diferentes. No se trata solo de tocar botones, sino de ejercer de médium entre las señales acústicas generadas en el escenario y las señales eléctricas que me atraviesan - siendo uno con la mesa y con el equipo de sonido - para que lo que está pasando en el escenario se vea fielmente reflejado por los altavoces cuando esas señales eléctricas vuelven a transformarse en señales acústicas. Es una responsabilidad gigantesca, un compromiso y un lujazo.
¿Habrá presentación en directo del disco o gira al uso?
Me encanta tocar en directo, pero estos últimos años me he prodigado poquísimo. Hice una presentación del libro en Doneztebe (Navarra), en el aniversario de Parroquia 13, la tienda de ultramarinos más alucinante que te puedas imaginar, que forma parte de Beltza Experience, una apuesta única que aúna música, gastronomía, paisajes espectaculares y muchas cosas más.
Fui con la guitarra acústica y mi voz, toqué canciones de este disco, alguna de Los Potros, varias de un disco que terminé hace años y todavía no he sacado (con poemas de Billy Childsh y producción de Javier Andreu) y canciones que formarán parte de mi próximo disco.
Voy a hacer lo mismo en Madrid el jueves 20 de noviembre, y tengo unas cuantas propuestas pendientes para ir a León, Castellón, Valencia, Barcelona o Gijón.
Lo de Madrid va a ser una charla con Pablo Carrero, dentro de su ciclo “Balas Perdidas”, en el Wild Thing Bar, que concluirá con un pequeño concierto acústico.
Autor: Rafa García-Moreno





