Entrevistas

 

15-04-2013

José Ignacio Lapido, torturando el tiempo


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José Ignacio Lapido no necesita presentaciones. Su pasado en 091 le acompaña constantemente, pero su carrera en solitario le ha catapultado a ser uno de los más destacables compositores y músicos de nuestro país. Su séptimo disco en solitario, titulado “Formas de matar el tiempo", es gran ejemplo de su buen hacer. Diez mandamientos musicales a seguir por cualquier devoto del rock patrio. Integridad, compromiso, solvencia y calidad son términos que Lapido cumple con creces desde hace lustros.

José Ignacio, el tiempo no pasa en balde, ¿qué cosas te quedan por hacer?

Me gustaría acondicionar una cueva para retirarme del mundo, ese es un buen proyecto vital a largo plazo. A corto plazo tengo otras obligaciones menos contemplativas, como seguir componiendo canciones y  así poder pagar la factura de la luz. ¿Cuántas canciones me quedan por escribir y cuantas facturas por pagar? Eso nunca se sabe.

Los ingredientes de este séptimo disco en solitario son los mismos que en tu anterior trabajo: rock sesentero y setentero, canciones sosegadas intercaladas con medios tiempos ocasionales y temas introspectivos.

Creo que los ingredientes de mis discos vienen siendo los mismos desde el siglo pasado. Guitarras eléctricas, acústicas, unas canciones rápidas y otras más lentas… escalas mayores, escalas menores y un poco de desencanto vital sobrevolando el escenario.

El riff inaugural de “Cuando por fin”  suena muy stoniano.

Cierto. Ese cruce de guitarras es hijo bastardo de las enseñanzas de Keith Richards. Un bucle de dos acordes, ritmo de 4x4, piano eléctrico… rock.

En “40 días en el desierto” hay una frase lapidaria: «Mi cuerpo pide tierra, mi alma pide cielo».

Supongo que es Lapidaria porque la canto yo, ¿no? Los humanos tenemos la manía de querer tener otra vida más allá de ésta. Se ve que no nos conformamos con estar 70 u 80 años dando el coñazo aquí sino que queremos ir a darle el coñazo a los dioses por el resto de la eternidad. Yo no me excluyo, como se puede ver en esa copla.

¿La historia se escribe con piedras, puñales y tiros?

Eso lo puede comprobar cualquiera, y además en ese orden. En tiempos del Hombre de Orce las guerras se hacían con hachas de sílex. Luego llegaron las espadas y después las pistolas. El hombre no ha parado de inventar instrumentos para la caza que luego ha destinado para el exterminio de sus propios congéneres. Somos así, como los animales que marcan el terreno con meadas. Nosotros colocamos banderas delimitando las naciones y colocamos baterías de  misiles a modo de meada de aviso. Pero no todo ha sido malo en le historia de la humanidad, una raza que ha inventado la guitarra no puede ser mala del todo, somos caníbales con buen corazón en el fondo.

“Al azar” probablemente sea una de las canciones más delicadas y con más arreglos del álbum.

Son arreglos que se van sumando poco  a poco. Empieza muy desnuda, con un piano y una voz solamente. Fue en el estudio donde decidimos que fuera así. En el ensayo la habíamos preparado de otra forma totalmente distinta. Las canciones mandan pero a veces te dicen lo que necesitan a última hora y hay que rehacerlo todo.

Eres consciente que con los músicos que te acompañan conformáis en el escenario una superbanda

Soy consciente de que llevamos juntos muchos años y que eso ha hecho que tengamos un sonido reconocible. Eso y que son todos ellos músicos de gran talento a los que nunca agradeceré demasiado que pongan tanto entusiasmo en mis canciones. El hecho de que todos ellos tengan otras historias paralelas con sus propios discos hace que el nivel suba. Estoy tocando con compositores que saben muy bien hacer canciones. Eso me obliga a mí a ser más exigente todavía con el material que les presento.

Hay grupos que ven en la edición de un disco la excusa perfecta para poder actuar en directo ya que las ventas discográficas son muy pobres. ¿Es este tu caso?

Creo haberlo dicho otras veces: grabar un disco hoy en día es un acto de amor al arte. Y autoeditarlo ya ni te cuento. 

 

Fotografía: A. Arabesco 

Autor: Rafa García-Moreno

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