Conciertos

 

06-06-2019

Freakland 2019. Ponferrada, León


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Volvió la Semana Santa ponferradina a empaparse un año más de rock’n’roll gracias al veterano festival Freakland, referente en el noroeste peninsular, en un año en el que el calendario ha sido generoso permitiendo que se celebrase en plena y deliciosa primavera con una de los mejores ediciones del evento. Y es que había apuestas seguras que no defraudaron. The Peawees certificaron que han sido protagonistas de la (hasta ahora) gira del año en nuestro país. Tras dos décadas pateándose los escenarios de medio mundo por fin parece haberles llegado el reconocimiento merecido. El veterano Hervé Peroncini se ha rodeado de una banda absolutamente solvente con Carlo Landini acompañándole a la guitarra y en la base rítmica Fabio Clemente y el ex –batera de Nick Curran, Tommy Gonzalez. Lo tienen todo. Actitud, chulería, dramatismo, épica, garra, y por supuesto, buenísimas canciones en una magnífica carrera que de momento les ha llevado a facturar uno de los discos del pasado año, el espectacular “Movin Target”. Incendiaron una espectacular noche de Sábado Santo en la que los franceses The Scaners volvieron a demostrar que son una de las propuestas del momento, con su acelerado punk de sintetizadores y su arrebatadora puesta en escena. Normal que el público arramblara con el “merchadising” de la banda, entran por los ojos. Los asturianos The Budweisers abrieron dicha noche del sábado dentro de su feliz regreso que les ha llegado a editar 20 años después de su “My girlfriend’s a bonehead” un nuevo single en las mismas coordenadas de punk-pop onda Lookout! Se les nota la impronta de veteranos, con Iván Díaz al frente demostrando lo bien que le ha sentado el paso por bandas como Bubblegum o Feedbacks a la hora de pulir melodías y voces. Dieron un concierto delicioso y emotivo con aroma a noches de verano ponferradinas de los 90, cuando el Saloon Bar era la auténtica meca del punk-pop ramoniano.

Pero antes de llegar a la traca final del sábado, que en realidad se inició con el concierto vespertino de los ásperos y oscuros Superser en el escenario del Cocodrilo Negro, venidos desde Cedeira con sus ecos a los Scientists, tuvimos dos noches con sus tardes para poner a prueba una vez más nuestros hígados, tímpanos y neuronas. El pistoletazo de salida lo dio el dúo australiano Thee Cha Cha Chas, quienes a pesar de su presunto aspecto lo-fi son capaces también de moverse en terrenos del punk inglés, como demostró su tremenda lectura del “Alternative Ulster” de Stiff Little Fingers. El bolo supuso además la primera actuación en la historia del Freakland en un local tan emblemático (y unido al festival, ya que sus propietarios, Oscar y Ana, son los responsables de manufacturar la Copa Freak de cada edición) como el Morticia, que cada vez se está animando más a programar más música en directo, lo cual es de agradecer (y aprovechamos para felicitarles por su reciente 25 aniversario) La noche del jueves fue para Thee Blind Crows, repitiendo de su anterior paso por la edición de 2017, cuando todavía eran dúo y actuaron en el King Kong. Ahora ya como trío y en un gran escenario como el del Attica, incendiaron la noche con su abrasivo blues-punk para dejar paso a unos veteranos como Muck and The Mires, una de esas bandas americanas en la mejor tradición Fleshtones o Young Fresh Fellows, es decir, rock and roll en sus múltiples vertientes, con buen gusto por las melodías y un directo impecable y fiestero sin dejar de ser “cool” en ningún momento. Cerraron la noche los legendarios Breadmakers, toda una institución del garage australiano cuyas contadas apariciones por nuestro país se convierten en auténticos ejercicios de estilo de rythm&blues y garage-punk-60’s.

Por último el viernes Braindrops demostraron ser una de las apuestas más sólidas y seguras del garage patrio con un concierto frenético y agotador en el Cocodrilo Negro, sólo les falta corroborarlo en estudio y acompañar a su de momento única pieza editada, un single en Family Spree Records, con más rodajas para disfrute de los insaciables garage-heads. La noche en el Attica fue para los gallegos Wavy Gravies, otra banda de directo demoledor con unas coordenadas basadas en subgéneros como el frat y el trash-r’n’r, y con Screamin Lord Sutch como guía espiritual y cuyos directos son una auténtica fiesta. De remate un programa doble de néctar y ambrosía, coros estratosféricos, redobles imposibles y riffs asesinos. Y nos quedamos cortos si se trata de definir por un lado a Peralta, la auténtica superbanda nacional que pese a lo ajetreado de sus agendas por tocar en otro puñado de bandas siguen explorando su particular camino desde el folk y el country hasta unos insondables abismos cada vez más psicodélicos, y cuya conexión con el Freakland es tal que el público sorprendió a la banda portando caretas de los cuatros miembros, dándole al asunto todavía mayor bruma surrealista. Y por otro a los ingleses Bronco Bullfrog, definitivamente de vuelta tras sus años de silencio a comienzos de siglo, para demostrarnos que siguen siendo la mastodóntica banda que en los 90 nos voló la cabeza. Lo dicho, una de las mejores ediciones del evento, que tuvo una vez más un particular protagonista en el ganador de la Copa Freak, premio otorgado al o a la más timbero o timbera y quien haga gala de mayor disfrute durante los tres días del festival, recayendo en este ocasión en un debutante, eso sí, curtido en mil batallas como es el mítico Telefón Granuja de Castelserás y organizador en su día del desaparecido Granuja Rock.

Fotografía: Alejandro del Estal


Autor: Pepe Kubrick

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