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15-09-2025
Diego A. Manrique: El Mejor Oficio Del Mundo
¡Fue el primer crítico de rock del que me enamoré! Bueno, más bien fue de su forma pausada de hablar y sus acertados criterios en el fantástico y seminal programa musical de televisión “Popgrama” y de sus certeros escritos perfectamente defendidos en la también básica, y que abrió caminos en la prensa musical especializada, “Vibraciones”, aunque por esa época también escribió en “Star” o Disco Express”. Luego le seguí en programas televisivos no tan buenos, pero con algunos momentos más que destacados como “Caja de Ritmos” y en revistas herederas del “Vibra” como “Rock Especial”, “Ruta 66” o “Rockdelux”, siendo uno de los pocos que escribió en los dos últimos medios a la vez. ¡Por algo sería! Años después he disfrutado de algunos libros suyos como “Jinetes En La Tormenta” y he seguido aprendiendo en sus siempre afiladas columnas en “El País”. Por supuesto, hay mucho espacio para su paso por la radio con legendarios programas como “Diario Pop” y también cómo fue despedido de malas maneras. Renunció a puestos en discográficas y en despachos porque no se veía como hombre de dichos lugares. La explicativa introducción la firma el propio Diego A. Manrique y su título está sacado de una mítica canción de Nacha Pop, “No Cambiaría Jamás Este Universo Informal”.
Por eso ha sido una gozada y un disfrute total el volver a leerle en un repaso a su “oficio” que no son unas memorias, pero que en cientos momentos se pueden acercar a algo similar. Son textos seleccionados de la sección “La Última Bala” de la estupenda revista “Cuadernos Efe Eme”.
Por supuesto hay bastante espacio para su adorado Bob Dylan y la bizarra aventura de querer hacer un disco cantado en castellano por el propio Bob con el fin de abrir brecha en el mundo hispano-parlante con sus canciones. También se acerca a personajes de aquí, más o menos polémicos, como Loquillo, Sabina, Tequila, Bunbury o Antonio Vega, y sus vicios, entre muchos otros. Entre otros desaparecidos también tenemos capítulos para los encantadores Triana o un estupendo capítulo titulado “El Culto a Eduardo Benavente”. Anécdotas a tutiplén y de todo tipo como las de un David Bowie tocando sin camisa los teclados junto a Iggy Pop o la de Rubén Blades cuando se le rompió la grabadora.
Otra gozada es el capítulo sobre la visita a Leonard Cohen en Canadá que nunca llegó a realizarse. En otros capítulos (todos entre 3 y 4 páginas de tamaña y con fotografías de cada uno de los protagonistas de los mismos) pasan por ahí Carlos Tena y el “Popgrama” que compartían. También dos interesantes capítulos-aventuras en La Habana. La mejor junto a José Luis Cortés, El Tosco (NG La Banda) en el capítulo “La Habana Bajos Fondos”. Finaliza brutal con El Tosco teniendo que soplar su flauta en la tumba de Fidel y admitiendo que eso no decepcionó a Diego. Su frase lo dice todo: “Nadie que no haya vivido las miserias cubanas puede dar lecciones morales”. Por cierto, también acertada crítica con el ambiente y la fauna de Miami, Gran final, también relacionado con cuestiones morales, con “La Metamorfosis de Teddy Bautista”. Las historias en torno a Prince o a un Willy DeVille muy cercano a la muerte tienen también mucho morbo. Tampoco le cuesta reconocer que este libro se gestó gracias a la insistencia de Juan Puchades, director de la editorial. ¡Una gozada, de un guerrillero de la prensa musical, que se lee con suma facilidad y que entra hasta desde la chula ilustración de portada a cargo de Mauro Entrialgo!
Autor: Txema Mañeru





