Conciertos
28-06-2009
Bunbury. Plaza de Toros de Las Ventas, Madrid
Se agolpaba la multitud en las inmediaciones de la madrileña Plaza de Toros de las Ventas desde más de una hora antes de la hora marcada en las entradas. Un gran fallo en la organización al no disponer de algún servicio de recogida de entradas durante la semana del concierto provocó colas de más de una hora para poder acceder a las mismas. Por ello el maño retrasó el inicio de su faena algo más de 20 minutos hasta que estuviera todo el mundo dentro de la Plaza. Mientras entramos todos, el Rock And Roll de los pioneros de los años '50 ameniza la espera y es que toda espera junto a Little Richard o Eddie Cochram es más llevadera.
Cerca de las 22,25h se apagan luces y música y el clamor se torna estruendo. Se encienden las pantallas que proyectan la introducción de esta gira. La banda entra a escena y arranca "El Club De Los Imposibles" que huele a victoria desde el comienzo. La primera parte del concierto discurre por los sonidos más rockeros de la última época de Enrique y casi sin pausa entre temas. En "Bujías para el dolor" con Phil Manzanera como invitado alcanzamos el cenit de esta primera fase del show, está sonando limpio y compacto pero contundente al mismo tiempo.
Tras una versión muy oscura del "Sólo Si Me Perdonas" un telón rojo cubre el fondo del escenario y unas lámparas con pantallas del mismo color nos anuncian que entramos en el cabaret.
Bunbury vuelve a escena pero esta vez ha cambiado su camisa negra con tachuelas por otra roja y luce una boa de plumas del mismo color al cuello. Es momento de pausa, parada a repostar. Las nuevas versiones de "De mayor" y "El extranjero" de su gran álbum "Pequeño" con un sonido mucho más rockero en el que las guitarras toman el protagonismo que antes tenía la sección de metales no dejaron a nadie indiferente, especialmente "El extranjero" con banjo y acordeón incluidos y con brindis "por los hermanos americanos y africanos que viven aquí con nosotros". "200 huesos..." nos puso los pelos de punta y la versión bluesera de "Infinito", coreada por toda la plaza, marcaba que el cabaret cerraba sus puertas.
Tras una pausa, volvíamos a la carretera. Suena una introducción con fragmentos de la película "La casa de los 10000 cadáveres" con imágenes películas de terror serie B, entrelazadas con otras de Betty Page. "El hombre delgado..." irrumpe en el escenario dispuesto a todo, suena potente y nos reengancha a todos en la energía del comienzo. Parece que comienza un nuevo concierto y, tanto la banda como su líder, parecen frescos y con ganas. Tras una introducción de Rebenaque a los teclados "Sí" arranca los bailes entre el público. "El Rescate" siempre es preciosa y da paso a la nostalgia del pasado en Héroes del Silencio con "Apuesta por el R'n'R", coreada y muy celebrada por el público ya entregado desde hace rato. La escena, invadida por el color azul, y el viento que comenzaba a levantarse nos lleva al viaje espacial de "Lady Blue". Suena a despedida, suena emotiva; pero aún queda rematar la faena.
La parte final del concierto se basó en los medios tiempos, comenzando con "El anzuelo", que no lució tanto como en otras ocasiones. Antes de seguir con el espectáculo, el aragonés errante quiso agradecer emocionado la oportunidad de tocar en un escenario como aquél. Enseguida arrancó "una de las canciones que más me gustan del último disco" en palabras de Enrique que no era otra que "El porqué de tus silencios" y acabó por ser una de las mejores de la noche. Con las emociones ya a flor de piel "El viento a favor" acabo por derretirnos. Creo que fue la vez que más me ha gustado este tema en directo. El viento agitaba el pelo de Enrique y de todos los presentes y la canción sonaba especialmente bonita esta vez. Primera despedida, pero el público ya cuenta con que nadie se va a la primera, y ya casi ni se pide que el artista vuelva. Se presupone que así será.
En esta gira hemos descubierto por primera vez cómo suena en directo "No me llames cariño" y parece que en adelante seguirá en el repertorio, pues es contundente, árida y dura. La sorpresa fue la incursión en la recta final de "El jinete" recuperada de los tiempos de "Pequeño Cabaret Ambulante" y "Flamingos". Coreada por el público ansioso porque no acabara ahí la cosa.
El bis final arrancó con "Canto", nos emocionó con "...y al final". Y cuando ya parecía que no habría más temas, y durante la despedida, nos regaló una última emoción con "El tiempo de las cerezas" en su versión más desnuda. Ovación, despedida y cierre. Caras de satisfacción no sólo entre el público sino también sobre el escenario. A Bunbury se le ve en forma y maduro, dispuesto a afrontar su edad adulta. Se está convirtiendo en un clásico y eso es un paso importante. De momento, el pasado sábado en Las Ventas, confirmó su paso a las ligas superiores saliendo a hombros por la puerta grande. Grande Enrique, Grande.
Fotografías: Nacho Cordero
Autor: Nacho Cordero






