Conciertos

 

25-05-2016

Bruce Springsteen. Estadio Santiago Bernabéu, Madrid


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Que el rock de estadio está dando sus últimos estertores es algo que no se le escapa a nadie. A día de hoy son muy pocos los artistas que pueden hacer giras llenando cada noche recintos de  varias decenas de miles de espectadores. Springsteen no solo lo hace, sino que lo hace con una asiduidad tremenda, con giras mundiales cada par de años y además basándose única y exclusivamente en la música. Un concierto de Bruce carece de efectos y trucos visuales tan dados en este tipo de actuaciones. Todo el peso recae en las canciones, su interpretación por parte de la E Street Band y el carisma escénico del de New Jersey. Y con una fiabilidad del 100%. Asistir a una mala actuación de Springsteen es algo sencillamente imposible.

Esta gira prometía mucho. Se anunció como la celebración del treintaicinco aniversario de una de las obras magnas de Springsteen: “The River” (1980). La primera parte de dicha celebración fue la edición de la caja recopilatoria “The Ties That Bind: The River Collection”, con cuatro cedes y dos DVD repletos de material inédito. El inicio de la gira en USA ilusionó a los aficionados. Bruce según anunció, interpretaba el disco de marras de cabo a rabo, completando el repertorio con algunos de sus grandes éxitos. No perdamos de vista el dato de que se trata de uno de los mejores discos de uno de los mayores iconos del rock’n’roll y poder degustarlo en vivo es una oportunidad única e irrepetible.

Sin embargo esta ilusión primera se va diluyendo cuando Bruce y los suyos aterrizan en Europa. En pos de hacer un show más dinámico, Springsteen opta por no tocar “The River” al completo en este nuevo tramo de la gira. Quedando el repertorio en una suerte de grandes éxitos y algunos temas emblemáticos de sus últimos trabajos, con el plus de algún tema del citado disco que no suele tocar en demasiadas ocasiones.

Pero la experiencia del concierto comienza mucho antes de que la banda salte a las tablas. La compra de las entradas, que volaron como un caramelo a la puerta de un colegio, fue una auténtica pesadilla. Páginas de venta colapsadas, interminables colas virtuales, pagos de seguros sin consentimiento del comprador. Y una increíble sensación de alivio cuando al fin las tienes en tus manos. Pero llegado el día indicado y en las inmediaciones del Santiago Bernabéu, la experiencia no mejora. Con una alerta de seguridad por terrorismo, la organización del acceso se organizó de forma diferente a la habitual. El perímetro del estadio se cerró y una vez dentro de él, el acceso al estadio se unificó, creando un enorme cuello de botella que la gran cantidad de voluntarios, policía y seguridad no pudieron manejar con eficacia.

Cuando la banda arranca con “Badlands”, “My love will not let you down” y “Cover me”, el público ya está entregado. Una puesta en escena muy austera con un juego de luces sencillo, las indispensables pantallas de video  y unas pocas pasarelas para que Bruce pueda comulgar con las primeras filas. Pero el sonido está embarullado, con muy poca nitidez y seguir el siguiente bloque con “The Ties That Bind”, “Sherry Darling” y “Two Hearts” se hace muy difícil. El dichoso sonido mejorará levemente conforme avanza la actuación y en ningún momento será del todo bueno. Bruce y por extensión, su banda, está en plena forma. Domina el escenario con una mezcla de relajación, autoridad e intensidad. Empatiza con el público y tiene un aura mesiánico al que el respetable responde con pasión.

Según avanza el concierto, se constata que Bruce ha optado por un repertorio poco arriesgado. Sí, hay algunos temas más de “The River”, donde destaca la sorpresa de “Point black” con una versión más relajada y libre que la original, pero  del mega exitoso “Born in the USA” suenan hasta nueve cortes. “Trapped” de Jimmy Cliftes una de las versiones de la noche, canción que lleva tanto tocando y tan adaptada a su estilo que ya casi es propia. La presencia de “Human touch” a algunos, ya que dentro del cancionero springstiniano se trata de una canción bastante corriente. El trabajo “The Rising” (2002)tiene su hueco y cómo ya es tradición en “Waiting on a sunny day” invita a un niño de las primeras filas a cantar, produciéndose una emotiva escena cuando el niño es incapaz de hacerlo y se abrazó a Bruce. “Because the night”, compuesta a la limón junto a Patti Smith suena muy potente, “Twist and shout” pone el toque verbenero a la actuación y “Thunder road” en solitario, únicamente con Bruce, su armónica y su guitarra, mantiene en vilo a las más de cincuenta y seis mil almas allí congregadas.

Los números asombran. Treinta y tres canciones en tres horas y veinte minutos por parte de un artista de sesenta y seis años. Sin flaquear en ningún momento. Buen concierto al final del cual se vislumbran, y con razón,  sonrisas en sus seguidores más fieles y en los aficionados medios, aquellos menos familiarizados con su música y con el rock en general. Sin embargo, una sensación agridulce asoma en el rostro de un tercer grupo. Aquellos que habiendo disfrutado del concierto no terminan de explicarse porque Bruce ignora gran parte de su mejor catálogo y del mensaje intrínseco a él. Todavía puede hacerlo, energía no le falta. A los genios, y Springsteen lo es, se les debe exigir más.

Fotografía: Xavier Valiño 

Autor: M. A. Velaza

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