Entrevistas
18-11-2025
Antonio Hernando, nueva vida y mejor música
Al bueno de Antonio Hernando le cambió totalmente la vida hace 4 o 5 años. Entonces anduvo presentando el estupendo “La Liturgia Eléctrica”. Cuatro años después ha regresado con su mejor disco hasta la fecha, el sorprendente “Empiria y Laurel” (Milana Música Records). Suponemos que habrá influido su celebrada paternidad. Algo que hasta celebra en forma de bonita y sensible canción con el título de su nombre, ‘Simón’. El caso es que nos entrega su disco más repleto de cotizadas colaboraciones. Pero, paradójicamente, es su disco más personal y con más que trabajadas letras. Inevitable destacar la más que simbólica presencia de Scarlet Rivera. Sí, la violinista del “Desire” de su adorado Bob Dylan que estaba en racha y a la que rescató de las calles. Presente en un ‘Saturno Devorado’ con claros aires al reivindicativo ‘Hurricane’. A ella, hay que sumar Jamison Passuite (Handsome Jack), Hendrik Röver, Gatoperro, Javi Vielba, Carlos Vudú, Tino Di Geraldo, Dani Herrero, Víctor Cabello, entre bastantes más. Su sonido ahonda más profundamente en la música de raíces americana, pero caben otros sonidos que dan una gran variedad a un disco en el que la influencia Dylan continúa siendo la más grande y del que Antonio, y familia, estarán más que orgullosos. Como es habitual en Milana con preciosa edición en vinilo para un disco que estará en las más prestigiosas listas con lo mejor del año. Si no, ya me lo diréis. Teníamos que hablar con él sobre su nueva vida y, sobre todo, de su nuevo, destacado y muy completo trabajo.
Lo primero, situemos tu nuevo disco. Creemos que el “Laurel” de su título viene motivado por tu pasión por la música y las bandas del llamado Laurel Canyon. ¡Buen gusto, por cierto! Pero háblanos un poco de ese “Empiria”.
Sí, efectivamente el "Laurel" (aparte de por la también simbología griega del triunfo en las Olimpiadas) hace referencia a ese sonido 60s-70s de Laurel Canyon, a esa comunidad hippie que se instauró en las montañas californianas a las afueras de Los Ángeles con una clara predilección por las armonías vocales, las guitarras acústicas y las melodías imposibles: Crosby, Stills & Nash, Neil Young, The Byrds, Gene Clark, Buffalo Springfield y tantos otros. En la época en que compuse estas canciones no dejaba de escuchar constantemente a esos grupos y vinilos, por lo que inevitablemente hay un poso de ellos en las canciones que entonces brotaron, incluyendo el haberlas compuesto también con la guitarra acústica. Lo de "Empiria" hace referencia a lo empírico, a ese aprendizaje a través de la experiencia y la observación. Desde que nació Simón disfruto de una vida contemplativa, recreándome a través de sus ojos con las pequeñas cosas a las que ya no les prestamos atención como adultos. Es increíble ver cómo los niños se sorprenden tanto ante todo, valorando hasta el extremo un atardecer, un bicho en una rama, una canción...luego crecemos y nos dejamos fagocitar por la vorágine de la rutina y del trabajo, perdiendo esa frescura e inocencia por el camino. Por suerte a mí Simón me ha vuelto a recordar que la vida es mucho más importante que esas estúpidas preocupaciones que nos quitan el sueño y de las que no nos acordaremos en veinte años.
Este nuevo disco puede que sea el más personal de tu trayectoria, aunque siempre hayan tenido tus trabajos mucho de tu vida. Sin embargo, estamos ante el disco con más colaboraciones ajenas. Muchas de ellas de nombres muy importantes y más que destacadas. Hablemos un poco de alguna de ellas. ¿Qué ha supuesto, para un “Dylaniano” como tú, la presencia de Scarlet Rivera?
Sí, como bien dices este es un disco en el que aparecen muchos amigos escondidos por ahí, entre las canciones. En el caso de Scarlet Rivera, efectivamente, aún me dan escalofríos cuando escucho su violín en el álbum. Bob Dylan ha sido, es y será mi artista favorito, soy un dylanita acérrimo. "Desire" fue el primer vinilo que me compré en mi vida (y fíjate, "Hurricane", la primera canción de Dylan que escuché siendo muy niño), así que te puedes imaginar. La presencia de su violín en el disco fue gracias a una serie de casualidades maravillosas: un año antes de pedirle que tocara, ella había hecho una pequeña gira por España, recalando en la sala Sol de Madrid, a donde acudí como fan absoluto en primera fila. Fue un concierto maravilloso, con ella cantando temas propios y versiones de Dylan, junto a un guitarrista en acústico. No me preguntes cómo es posible, pero estábamos muy, muy poquitos viéndola en la sala, así que tras el concierto, Scarlet bajó y habló con todos nosotros, uno por uno. Yo le regalé un vinilo de "La Liturgia Eléctrica", le pedí que firmara mi vinilo de "Desire" (aquel que me había comprado en Londres como primera adquisición en mi colección) y le dije que al día siguiente en Zaragoza disfrutaría mucho (ya que iba a tocar en El Corazón Verde, un sitio precioso en el que yo suelo actuar cuando visito a mis amigos maños). Curiosamente, pocos meses después, las dueñas de ese mismo local me escribieron para contarme que por su escenario iban a recalar Brian Mitchell y James Maddock, desde Nueva York. Ambos buscaban hacer algo también en Madrid, pero no habían conseguido concretar nada, así que me convertí yo mismo en promotor y les cerré una fecha en la Fun House. Ojo, Brian Mitchell es nada menos que el acordeonista de Levon Helm de The Band, y ha tocado junto a Dylan, Springsteen, B. B. King y todos los grandes, así que enseguida moví a toda mi gente para que nos arropara en aquella inolvidable noche (yo mismo actué de telonero y cerramos la velada cantando juntos canciones de The Band). Por otra nueva carambola, el manager italiano de Brian y James era el mismo de Scarlet, así que me atreví a mandarle una demo de "Saturno devorado" para que Scarlet la escuchara. Andrea (el manager) me dio su dirección de email y durante unas semanas Scarlet y yo nos intercambiamos extensos y emotivos correos, sin duda una de las experiencias más potentes de este álbum. Scarlet es todo luz, todo corazón y sonrisa, y sigue siendo una persona mística que cree en las señales, la simbología y el poder de la música. Fue tremendo traducirle la canción al inglés para que la entendiera y que ella me enviara un poema suyo hablando de lo mismo (el paso del tiempo) que precisamente había escrito en España, que yo le confesara que la cadencia de "Saturno devorado" estaba basada en un tema de los Byrds llamado "Lover on the Bayou" que ella había tocado con Roger McGuinn en la Rolling Thunder Revue, o que finalmente grabara su violín para mi disco en Los Ángeles, en el estudio de Fernando Perdomo, que es nada menos que el guitarrista de Jakob Dylan (el hijo de Bob), y el culpable de las guitarras en el disco y documental "Echo in the Canyon", que fue un homenaje precisamente a la escena de Laurel Canyon. Disfrutamos mucho de todas esas coincidencias, ella puso todo de su parte para que la grabación fuera perfecta, y ha seguido el proceso durante todo este tiempo. Cuando le envié el resultado final estaba tan emocionada como yo mismo. Así que ha sido una historia muy, muy bonita.
Siguiendo por el lado internacional tenemos a Jamison Passuite de los Handsome Jack con un destacado solo de guitarra en una ‘Caballero Andante’ en cuya letra aparecen hasta los Stones. ¿Cómo fue esta historia?
Posiblemente Handsome Jack sean mi banda actual favorita. Les descubrí en un concierto en Madrid, con una sala Clamores llena, y tras el concierto pude charlar un buen rato con ellos. Hicimos muy buenas migas (son unos melómanos empedernidos), intercambiamos nuestros vinilos y mantuvimos el contacto, coincidiendo juntos cuando venían por España al menos por unos minutos. Jamison es el mejor guitarrista de blues pantanoso que yo haya visto en directo, así que le pedí un solo suyo para el disco, y por estilo, acabó entrando en "Caballero andante", que es una especie de blues pesado que muta por momentos en funky, cantando con mucha guasa al insomnio que provocan los llantos nocturnos de un bebé. Simón sólo se quedaba dormido en mis brazos si yo estaba de pie y en movimiento, sin parar, dando vueltas por el salón y sin poder descansar ni sentarme ni por un segundo, de ahí lo de "Caballero andante". Lo de los Stones de la letra es un guiño a los Burning, a la canción "Otra noche sin dormir". Pepe Risi cantaba aquello de "dan las seis, sintonizo a los Stones, recuerdos de pelo largo", que yo cambio por un "son las seis, pero no sintonizo a los Stones, aunque sí es otra noche sin dormir, también es otra noche sin tu amor". Frikadas de esas hay a montones entre las letras del álbum (risas).
Suponemos que te encantarán muchos discos de Hendrik Röver o de Los Deltonos. ¿Qué instrumentos y qué sabiduría ha aportado en “Empiria y Laurel”?
Lo de Hendrik era algo inevitable que estaba casi predestinado, en el sentido de que yo le admiraba mucho como músico y productor y ya me habían hablado maravillas de él amigos como Óscar Avendaño, Aritz Sertucha o los Soul Jacket. Además, Miguel Herrero (mi productor), es amigo suyo desde hace años (de hecho aparece tocando la trompeta en el disco en directo de Los Deltonos "Ho Ho Ho") así que como el disco se estaba grabando en Asturias y Hendrik tiene su propio estudio en Cantabria, decidí llamarle para que metiera esas capas de americana que necesitaba en las nuevas canciones con instrumentos más específicos como el banjo o el lap steel. Así que Hendrik ha dado ese puntito más de raíz, tocando de forma magistral el dobro, el banjo y las guitarras slide. Otro lujo más de este álbum.
Gatoperro creo que es amigo de hace tiempo. Está en el estupendo cierre con un muy dylaniano tema lento titulado ‘El Desastre’. ¿Es por el título que pensaste en él, (risas)?
(Risas) Sin duda por el título ya era el más adecuado, pero fue también por estilo. "El desastre" es un tema muy antiguo, de la época de la pandemia ("llegó tan pronto el desastre, que no lo vimos venir") pero yo lo quise escribir de forma más ambigua, para que fuera un canto a la resistencia (a la tan manida resiliencia), a la lucha diaria con ese espíritu colchonero, de ahí que tenga ese poso de balada irlandesa, con el coro de borrachos final como si levantaran sus jarras, hermanados, brindando orgullosos. Gatoperro vive actualmente en Asturias así que le pedí que se pasara por el estudio y que probara algún coro, algo que se le ocurriera, y fiel a su estilo, hizo lo que le dio la gana (risas), cambiando la melodía pero siendo 100% él, reconocible y certero. Es uno de mis mejores amigos desde 2010, hemos vivido muchísimas aventuras juntos y además es el mejor escritor de canciones de mi generación. Le admiro tanto como le quiero. Así que tenía que estar, igual que Rafa Toro, Carlos Vudú, Suso Díaz, Álvaro Laguna, Daniel Hare o Jaime Hortelano. Amigos de toda la vida que aparecen por ahí, escondidos, pero que me hace mucha ilusión saber que están. Yo era consciente de que con mi nueva situación, sin apenas tiempo para coger la guitarra, escribir o grabar, mi próximo disco iba a tardar bastante más tiempo del habitual en ver la luz, así que decidí llamarlos para que estuvieran por ahí, sólo por el hecho de darme el gustazo de volver a verlos y pasar unos días de grabación inolvidables.
Javi Vielba (Arizona Baby) creo que es también amigo. Cuéntanos qué ha aportado en este disco tan especial.
Sí, Javi es amigo mío desde antes que todos los que te he nombrado, fíjate (risas). Mi madre es de Jaén, donde me crié, pero mi padre es de Valladolid, por lo que la segunda ciudad en la que toqué en mi vida fue Valladolid (de hecho en el pueblo de mi padre recibí mi primer caché por un concierto, a los 17 años). Vielba es el motor musical de Pucela, ya no sólo respetado por su currículum en Arizona Baby o Corizonas, sino por su compromiso con la escena vallisoletana, siendo músico o productor en tantas otras bandas de la ciudad. Es un agitador cultural nato, y hace muchísimos años él era el presentador y organizador del Open Mic Pucela, un micro abierto que se hacía cada dos domingos en el Borsalino, un bar de Valladolid. Allí me presenté yo a tocar con mis primeras maquetas, así que Javi ha visto mi evolución desde Petete, Los Tres en Raya, La Banda de Trapo, etc. De hecho, un disco mío se llama "Rumbanouche' n' Roll" por él, ya que una noche en el Café Teatro me dijo que lo mío no era manouche, sino "rumbanouche" (risas). Es un tipo al que también quiero mucho. Cuando grabé "La Liturgia Eléctrica" le pasé el disco antes de publicarlo, siendo él el culpable (entre otras cosas) de que yo acabara conociendo a Maite Moreno, quien se convertiría en mi manager de prensa y comunicación y por la que yo acabaría yendo a Los Conciertos de Radio 3 o al programa de Fernandisco. La amistad y la gratitud que nos unen me hizo también levantar el teléfono en esta ocasión y pedirle unos coros, y qué mejor que un tema tan psicodélico como en el que canta.
Centrándonos ya en algunos de los temas que más nos han llamado la atención por diferentes motivos. ¿Te costó mucho hacer una canción tan especial y personal como “Simón”? Aquí mencionas al Boss, pero el aire vuelve a ser muy Dylan…
Sí, definitivamente es la canción que más me ha costado escribir. Evidentemente quería escribirle una canción, y con su nombre, pero sufría muchos bloqueos a la hora de hacerlo. ¿Cómo no sonar empalagoso, o ñoño? ¿Cómo evitar los tópicos? A los pocos minutos de nacer Simón, en el hospital, le hice escuchar "Beautiful Boy", de John Lennon. Yo quería algo así, pero irónicamente, el primer estilo con el que Simón empezó a bailar y sonreír fue escuchando soul, así que estaba claro que tenía que ser un soul. Pero claro, más a la manera de Ray Lamontagne o Van Morrison que de Wilson Pickett o Aretha Franklin, ya solamente por las carencias vocales de un servidor. Primero conseguí la melodía, luego el estribillo, y fui rematando los versos a lo largo de varios meses. Una vez que la terminé, fueron llegando las otras, casi sin dificultad. Cuando quité el tapón, y me abrí, el resto de temas salieron de forma más fluida, unos ocho en menos de mes y medio, por suerte. Respecto al Boss, es porque Simón es el mayor fan de Bruce Springsteen que yo conozco. Puede ver vídeos suyos en directo durante horas. Él lo llama "el Boss", claro, de ahí el incluirlo así en la letra. Tengo que pasarte fotos de Simón con la camiseta remangada y el pañuelo en la cabeza cantando "Born in the Usa"...
Es habitual que cites a músicos y libros en tus temas. Aquí hasta has titulado uno como ‘La Última Carta de Jim Croce’. Aunque aquí los aires de cabaret y el saxo pueden recordar más a The Band o Randy Newman. ¿Son estos tres nombres también algunos de los que te han marcado?
Lo de Jim Croce fue un flechazo, llegó en el momento perfecto, en plena fase creativa. Yo no había buceado mucho en su obra, pero justo en ese momento se cumplían 50 años de su muerte (hablamos de 2023 y él había fallecido en 1973) y no dejaba de aparecerme la efeméride en diferentes páginas de música. Así que me puse a escuchar sus tres discos y me enamoré completamente. La movida es que llegó a gustarme tanto que empecé a leer sobre su vida, incluso devorando la biografía contada por su viuda, Ingrid. Y fue ahí cuando empaticé del todo con el personaje, con el padre, con el luchador incansable que persigue sus sueños en el difícil mundo de la música. Su historia es tremenda: siendo una figura local en Pensilvania, conoce en un concurso (en el que él es jurado) a Ingrid, una cantante con la que se termina casando. Con el dinero de la boda graba su primera maqueta, tocando en tugurios de mala muerte para presentarla (una anécdota muy recordada es que tocaba sin bandolera, sentado, porque decía que en los lugares donde comenzó quizás tenía que salir corriendo en cualquier momento). Fue así como afiló su humor y construyó los personajes de sus canciones, llegando a conseguir un contrato para Columbia con un disco conjunto, "Jim & Ingrid Croce", en 1969. La pareja se instaló en el Bronx y acabó harta, sin dinero y teniendo que vender todos sus bienes (menos la guitarra) para subsistir. A su vuelta a Filadelfia, Jim Croce tuvo que hacer de todo para sobrevivir: camionero, albañil, ferroviario, profesor de guitarra...y por si fuera poco Ingrid se queda embarazada. Lo normal hubiera sido buscar un trabajo estable, pero Jim decide que es el momento de apostar al 100% por sus canciones, y tras varios años y más de 40 rechazos de diferentes discográficas, gracias a un contacto que escucha sus maquetas, acaba publicando un primer disco en 1972 que en Estados Unidos funciona de forma increíble, empezando Jim a aparecer en la televisión, a girar sin descanso y con un segundo disco que incluso llega al número uno con uno de sus singles. Lamentablemente, en una de esas giras interminables, concretamente la noche del 20 de septiembre de 1973, Jim y la tripulación fallecieron en un accidente aéreo tras tocar en Natchitoches (Lousiana), al estrellarse su avión contra un árbol a los pocos segundos de despegar en el aeropuerto, un día antes de la publicación de su nuevo single y futuro álbum póstumo. Croce tenía sólo 30 años, pero la historia de mi canción llega ahora: tres días después del accidente, su viuda Ingrid recibiría una carta del propio Jim escrita minutos antes de despegar. En ella el cantautor contaba que se había hartado de las giras y del mundo de la música, y que tras ese (último) vuelo su intención era la de volver a casa para ejercer de padre y disfrutar de su familia, escribiendo quizás relatos o guiones de cine, tranquilo y en la comodidad de su hogar. Fue ahí cuando supe que ahí había una historia que necesitaba ser contada en forma de canción, pero siendo tan triste, decidí hacerla de forma más festiva, fiel al propio estilo de Jim Croce y con guiños a su "Bad Leroy Brown" que incluso cantaría Frank Sinatra. Jim Croce volvería al podio de las listas tras su muerte, siendo una figura muy conocida en Estados Unidos pero no tanto en España. Su empuje para luchar por sus canciones, en trabajos precarios para subsistir y con un final tan trágico, eran carne de canción. De ahí surge "La última carta de Jim Croce", en donde reúno etapas de su vida junto con frases reales de su carta (si tenéis curiosidad, puede encontrarse en internet, o en el citado libro de su viuda Ingrid). Por cierto, su hijo, A. J. Croce, es también un músico increíble.
En ‘Antes del Huracán’ también te acuerdas de parejas célebres como Romeo y Julieta, Bonnie & Clyde o John y Yoko. ¿Qué huracán emocional te revolvió para tan especial historia?
Bueno, esta canción surge de las entrañas, y también era necesaria para un álbum que versa sobre paternidad y responsabilidades adultas. El cansancio, la falta de sueño y las interminables tareas diarias provocan inevitablemente fricciones de pareja, discusiones fruto del agotamiento que también se terminan sufriendo. En ese momento yo estaba leyendo "Antes del huracán" de Kiko Amat, así que tomé prestado el título de su libro para la canción. En el libro Kiko Amat cuenta el proceso de un tipo normal que acaba volviéndose loco, y en la canción yo intento hablar de todo lo que nos pasa y separa, pero que aún puede ser encauzado, antes de que explote. De ahí hablar de parejas míticas, en especial la de John y Yoko. John Lennon siempre ha sido uno de mis héroes, y como sabes, entre 1975 y 1980 el ex Beatle dejó la música para dedicarse en cuerpo y alma a su segundo hijo, Sean (el único con Yoko), en una etapa que él mismo bautizó como "amo de casa". Yo sentía que estaba haciendo lo mismo, feliz y alejado de los escenarios para dedicarme a la paternidad las veinticuatro horas, incluso compartiendo edad con Lennon. De hecho, en "Debe ser así", vuelvo a nombrarlo en el verso "Lennon a mi edad viendo girar las ruedas con sigilo", en honor a aquel "Watching the Wheels" en donde él contaba (y justificaba) que en ese momento de (también) vida contemplativa se dedicaba a "ver girar las ruedas de los coches, alejado del asiento de su propia noria". Así que busqué un ritmo hipnótico, a la manera de Neil Young con sus Crazy Horse, y vomité todo lo que sentía. Por todo esto es uno de los temas más especiales del álbum y uno de mis favoritos.
‘Debe Ser Así’ puede ser tu tema más puramente country. ¿Puede que sea así? ¿Puede que también te guste mucho el “John Wesley Harding” de Dylan? ¿Quién toca por ahí esa pedal o lap steel guitar?
Sí, definitivamente es mi tema más country, aunque cuando comencé a escribirlo iba más en una onda Dylan o The Band, como en sus famosas "Basement Tapes". Pero escuchando el primer álbum de Manassas hubo una canción que me atravesó por la mitad, "So Begins the Task", con un Stephen Stills superlativo. Así que decidí buscar algo dentro de esas coordenadas sonoras. Como tenía bastante letra, decidí que funcionaría muy bien que el tema arrancara como en su origen, y luego diera un cambio a country, para mantener también el factor sorpresa (de hecho introduje un cambio de acorde usado por Gram Parsons en su tema "She"). Luego en el estudio Miguel Herrero metió un fliscorno como inicio (algo muy The Band) y unos pianos con guiños al "Cardboard Watch" de The End, la banda que produjo Bill Wyman, el bajista de los Rolling Stones. Esta es una de las canciones en donde más brilla más como decías Hendrik Röver, metiendo su sello más americano tocando el banjo y el dobro con slide (a modo de pedal steel). Y por supuesto, me gusta mucho "John Wesley Harding", pero es que de Dylan me gustan hasta los andares (risas).
Locura total es ese psicodélico e hindú ‘Lisérgico Síndrome Disidente’. ¿Cómo te vino a la mente semejante locura y semejantes arreglos orientales con sitar, tabla y demás instrumentos?
Viene de nuevo un poco por mi amor incondicional a John Lennon. "Tomorrow Never Knows", el tema que cierra "Revolver" de los Beatles, siempre me ha parecido una genialidad absoluta, psicodelia en estado puro, y además yo nunca me había adentrado en ese mundo de sitares y raga rock, así que me apetecía mucho hacerlo. Compuse la canción en ese acorde de Re a modo de mantra para que el sitar encajara, y fue Miguel Herrero quien propuso a Víctor Cabello para ello, el discípulo de Gualberto desde Córdoba, al que seguía por sus vídeos tocando en redes. Para nuestra sorpresa, aparte de un tipo excepcional y encantador, Víctor también tocaba la tanpura y la dilruba (percusión y violín indio), así que prácticamente él armó todo el tema. Miguel propuso también una introducción, y casi me caigo de espaldas cuando me dijo que Tino Di Geraldo había metido también su tabla india, instrumento al que incluso Tino le dedicó un álbum. Tino es muy amigo de Miguel, ya que suele grabar junto a Jorge Pardo y Carlos Benavent en su estudio, así que un día que andaba por allí simplemente le puso la canción y le dejó improvisar. Claro, cuando tienes al percusionista de Paco de Lucía o Jackson Browne tocando, todo es mucho más fácil y mágico. Otro regalo más de este álbum, sin duda.
El disco creo que ha sido grabado (y elaborado en parte) por Asturias. ¿Cómo te han influido dichos parajes en su sonido? Veo que alguno de los músicos ha tocado, o lo hace, también con Stormy Mondays. ¿Has podido oír su “Nebraska” u otras cosas de ellos? ¿Qué te parecen?
Sí, el disco ha vuelto a ser grabado, como "La Liturgia Eléctrica", en los estudios ACME de Miranda, en Avilés, junto a Miguel Herrero, que prácticamente toca todo (baterías, bajos, pianos, eléctricas, vientos, etc). Asturias es mi debilidad, necesito subir de vez en cuando allí a desconectar, y la conexión musical que tengo con Miguel no la ha tenido jamás con nadie. Nos entendemos a la perfección, trabajamos rápido y nos divertimos mucho. Conozco a los Stormy Mondays, claro, y he escuchado su "Nebraska" y muchas otras canciones. Jorge Otero es un musicazo, no me extraña que Willie Nile lo tenga como guitarrista fijo cuando viene a España.
Ya por último y como dato importante. ¿Con qué formato piensas girar para presentar este disco con tan rico sonido y tantos detalles?
Bueno, aquí me enfrento como siempre al eterno dilema: girar con banda y palmar pasta a raudales pero con unos shows demoledores o girar en acústico y al menos no perder pasta aunque las canciones suenen en su versión más desnuda. Evidentemente en los discos siempre hay más detalles, más matices, más arreglos, pero el tratamiento de esas mismas canciones en directo ha de ser diferente, aunque vayas con banda. Al final los músicos le dan también su impronta, está el ataque del directo, en donde las canciones suenan con más fuerza, más salvajes, más rápidas, con improvisaciones más extensas...son dos mundos casi opuestos, diría yo. En los últimos conciertos presentando "La Liturgia Eléctrica" giré con Carlos Vudú acompañándome a la mandolina, la guitarra eléctrica y los coros, y fue un formato que disfruté muchísimo, así que no descarto ir más por ese camino para salir a otras ciudades, una manera de no ir a pelo a guitarra, armónica y voz pero sin la logística de furgo, batería, hotel y demás que provoca una banda. Me daré el gusto de una presentación más lujosa en Madrid, claro, pero creo que optaré por la opción del semiacústico para viajar a otras ciudades. De momento sigo con la promo, después de navidad habrá que lanzarse a la carretera. Ojalá nos abracemos entonces. ¡El mono de escenario tras tanto tiempo está multiplicado por mil!
Autor: Txema Mañeru





